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La superstición de los años bisiestos, desastres históricos

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Comienza 2016, y lo hace con un día más. Como cada cuatro años, toca uno bisiesto (es decir, febrero tendrá 29 días, en lugar de los 28 habituales). Cada año tiene 365 días y 6 horas, pero para que las fechas astronómicas y cronológicas coincidan en el calendario, en lugar de contabilizar esas horas de más que tiene cada año, solo se suman cada cuatro y así, en consecuencia, los años bisiestos tendrán 366 días.

El origen de esta tradición se remonta a Dionisio «El Pequeño», un monje turco que en torno al año 200 (d. C.) se percató de que existía ese desajuste y que si no se corregía, en el plazo de 500 a 600 años, el solsticio de verano podría suceder en el solsticio de invierno y viceversa.

Para el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Manuel Manianes, en declaraciones a Ep, el hecho de que ese día de más se añada en febrero se debe a que el cómputo que se realiza depende del solsticio de invierno y de la distancia de la luna respecto a la Tierra. El experto asegura que el año bisiesto «arregló los desperfectos que había» y ha añadido que aún así quedan unas pequeñas diferencias que, en un año o lustro no se aprecian, pero que se notan a largo plazo. Y es que añadir un día en febrero cada cuatro años evita que el calendario se mueva y dé la vuelta cada cinco o seis siglos.

Según la tradición, los años bisiestos, además de complicar las cuentas a más de un despistado, también están mal vistos. La superstición ha hecho mella desde que Dionisio «El pequeño» descubriera el desajuste, y por tanto los más agoreros no dudan en divulgar mitos y creencias sobre el mal fario inherente cada cuatro años. Pero no fue hasta que los romanos vincularon febrero al mes de los muertos cuando este pensamiento fatalista arraigó en la sociedad.

Así, en la cultura romana creían fervientemente en este mal augurio y, por ende, evitaban acontecimientos y eventos importantes ese día. Preferían resguardarse en casa que celebrar bodas, por ejemplo.

Motivado por esta trágica tradición, existe un refrán que a día de hoy se sigue empleando: «Año bisiesto, año siniestro».
Quizás sea la coincidencia, pero muchas catástrofes a lo largo de la historia han sucedido en un año bisiesto. El hundimiento del Titanic en 1912, el estallido de la Guerra Civil en 1936, o los asesinatos de Mahatma Gandhi, en 1948; Robert Kennedy y Luther King, en 1968; John Lennon, en 1980 e Indira Gandhi, en 1984.

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