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Qué ha pasado en Irak tras los 10 años de la ejecución de Sadam Husein

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Al amanecer del 30 de diciembre de 2006, en la sede de sus servicios secretos en Bagdad, Sadam Husein era ahorcado con la misma soga que sufrieron sus enemigos tras ser ratificada la sentencia que le condenaba, con la calificación de «crímenes contra la Humanidad», por la muerte y tortura de 148 iraquíes chiíes en 1982.

Vídeos y fotografías de su ejecución corrieron como la pólvora por internet. Se veía a Sadam vestido de negro, rechazando la capucha antes de ser colgado. «No vi en él rastro alguno de miedo», confesó años después Mouaffak al-Rubaïe, que conservó la soga tras asistir a la ejecución. Sadam Husein comenzó a recitar la profesión de fe musulmana, pero la trampilla cedió bajo sus pies. A las 6,10 horas, el tirano que dirigió los destinos de Irak con mano de hierro durante más de dos décadas, desde 1979 hasta la toma de Bagdad por las tropas estadounidenses el 9 de abril de 2003, dejó de existir a los 69 años. Era el primer día de Aïd al-Adha, la gran fiesta musulmana del Sacrificio, y los chiítas, que sufrieron bajo su régimen, celebraron su muerte en las calles.

Al día siguiente de su ejecución, Sadam Husein fue enterrado en su localidad natal de Al Auya, cerca de Tikrit. En sus proximidades, en un escondite subterráneo en la localidad de Al Daour, había sido capturado el 13 de diciembre de 2003, tras más de ocho meses de búsqueda. «Soy Sadam Husein, soy el presidente de Irak y quiero negociar», dijo en inglés a los soldados estadounidenses que lo descubrieron.

Su ejecución el 30 de diciembre suponía el fin de una era en un país que, diez años después, sigue dividido y sumido en el caos, con la irrupción de Daesh y la operación para expulsar del país a este grupo terrorista.

Las dos décadas en que el gobernante suní estuvo al frente del país estuvieron marcadas por una fuerte represión y tres guerras, que dejaron unas cicatrices que aún se mantienen abiertas en la sociedad iraquí y que también han pasado factura a la propia familia del dictador.

Abu Taha al Tikriti, un familiar de Sadam de 61 años, asegura que la familia del exmandatario se ha visto afectada por el derrocamiento de su régimen y que muchos iraquíes les persiguen. «Ahora estamos pagando el precio de los errores de Sadam y de su partido Al Baaz», comentó Al Tikriti a Efe.

La situación del clan del que formaba parte el expresidente se complicó a partir del momento en que los yihadistas tomaron la provincia de Saladino, cuya capital es Tikrit y donde se encuentra el pueblo Al Auya, donde nació Sadam en 1937.

Su peor momento, sin embargo, llegó cuando las milicias chiíes de la Multitud Popular llevaron a cabo la operación de recuperar la región de manos de Daesh, lo que obligó a muchos de los miembros de este clan, que se concentraban en Al Auya, a desplazarse. «Muchas de nuestras casas fueron destruidas, robadas y quemadas con la llegada de la milicias chiíes. Los habitantes de Al Auya tienen ahora prohibido volver tras la concentración de la Multitud en la zona porque muchos de ellos han sido acusados de cooperar con los armados (yihadistas) del Daesh», relató Al Tikriti.

En Al Auya, el sepulcro de Sadam fue profanado por las facciones chiíes, pero su cadáver había sido trasladado antes a otro lugar por miembros de su familia, según Al Tikriti.

La inestabilidad política en el país y el caos que provocó la aparición de Daesh, que conquistó amplios territorios en el norte del país en 2014, también ha alimentado el sentimiento de añoranza por el gobierno de Sadam en parte de la población. «La situación tan difícil en Irak estos días y la mala administración de los Gobiernos desde 2013 han provocado que el pueblo eche de menos la época de Sadam y la consideren como días de riqueza», comentó a Efe Nayi Ibrahim, exmiembro del partido disuelto Al Baaz, que lideraba Husein.

La nostalgia por la época del dictador, según Nayi, «no es porque Sadam fuera un ángel, sino porque los que gobernaron después de su época causaron caos, deterioro de la seguridad, pobreza, desempleo y aumento del sectarismo».

Ali al Tamimi, un ciudadano de la zona Al Dachil, en el norte de Bagdad, opinó que «Sadam obtuvo lo que se merecía porque su política y guerras sucesivas fueron las que llevaron a Irak al borde del abismo». Recordó que Sadam ejecutó a miles de civiles del centro y del sur de Irak, así como a miles de kurdos del norte del país. «Así que él se merecía la ejecución», comentó.

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LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

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