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Venezolanos emigran con las maletas llenas de ropa, esperanzas e ilusiones

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Las crisis hacen evolucionar a los pueblos. Venezuela recibió movimientos migratorios provenientes de la Europa de posguerra y de una Latinoamérica cuyas dictaduras y crisis económicas la dejaban como buen destino entre las décadas de los 1950 y los 1990, por la riqueza de su petróleo, lo amigable de su clima y lo atractivo de su geografía. Hoy la nación suramericana vive unos días por estimada entre tres y cuatro millones de personas, algo más que el 10 por ciento de su población, de acuerdo con analistas.

Angustia y desesperación son comunes en cartas que llegan a fundaciones que ayudan a los venezolanos que migran. “Llegué en julio de 2017 con mi esposo y mi hijo. Tengo 36 semanas de embarazo. Afortunadamente encontramos un lugar donde vivir, totalmente vacío. Al bebé que viene en camino no le pude traer nada de Venezuela por temor a que me revisaran la maleta y no me dejaran pasar. Para él no tengo absolutamente nada”.

“Somos una familia más que llega a este país con las maletas llenas de ropa, esperanzas e ilusiones. Con mucha vergüenza les pido ayuda”, agrega la misiva que enseñó a el Nuevo Herald el programa Raíces de la Fundación Venezuela Awareness. Algunos que llegan al sur de la Florida solo traen fe, porque no tienen trabajo ni recursos de subsistencia. Ante eso, es creciente el apoyo espontáneo de venezolanos ya instalados en esta urbe estadounidense.

Toma así más actividad la labor de quienes emprenden la tarea de procurar cobijo y asesoría, a través fundaciones como Venezolanos en Kendall, o grupos de emprendedores con visión social, tales como el sector de restaurantes, que protagonizan alianzas y acuerdos para apoyar a diversas fundaciones.

Entran en la comunidad de manera inadvertida pero con una gran necesidad de ayuda, según el perfil de las personas que han recibido las ayudas por parte de las fundaciones. “Para los venezolanos no hay ayudas, porque llegan como turistas”, comenta Andrade.

“Piden sábanas, toallas, edredones lo básico para acostarse a dormir. Piden colchones. Las familias que acuden son la clase media venezolana, profesional. Hay dos tipos, el profesional, ingeniero, médico, periodista y el venezolano no profesional que ha sufrido los abusos de la Guardia Nacional, que ha estado en protestas y alguien de su grupo ha sido asesinado o perseguido. Te dicen: ‘Hicimos la maleta, cerramos la casa, se la encomendamos a Dios y nos fuimos’”.

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LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ