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El trágico accidente de Lady Diana que culmina con el florecimiento de una leyenda

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Una mujer sin pasado, pero con historia. Con ese eufemismo se definió en numerosas ocasiones la vida de Diana de Gales, subrayando así sus raíces aristocráticas, con sangre estuarda y antepasados como María, Reina de Escocia, Carlos I, Carlos II o el Duque de Monmouth. Como en los cuentos de hadas, dejó de ser Lady Diana para convertirse de la noche a la mañana en la Princesa de Gales, y a figurar como una de las mujeres más admiradas y populares del mundo. Pero su agitada vida Real se convirtió enseguida en motivo principal de las primeras páginas de la prensa.

Diana Frances Spencer, tercera hija de Edward John Spencer octavo conde de Spencer y de Frances Ruth Burke Rocha hija de Lord Fermoy, nació el 1 de julio de 1961, en el Palacio de Althorp Hall, condado de Northampton (Gran Bretaña). Fue bautizada en la localidad de Sandrimgham (Inglaterra), comenzando aquí su educación en la residencia paterna de «Park Farm», propiedad de la Reina, con quien la familia mantenía amistad además de lazos, que remontándose a Jacobo I de Inglaterra, emparentaba a Carlos y Diana como primos undécimos por línea colateral.

Las últimas veinticuatro horas de la vida de Diana, Princesa de Gales, fueron una angustiosa huida de una nube de «paparazzi» que la estuvieron persiguiendo sin descanso en la localidad turística italiana de Portofino, en el aeropuerto de Le Bourget de París, en la Plaza Vendóme, en las tiendas exclusivas de la avenida Montagine, hasta que, ya al filo de la madrugada, comenzase la carrera más loca y peligrosa, la que culminó con un accidente mortal ocurrido a más de 150 kilómetros por hora, en el túnel del Alma, con el que nació una leyenda: la de Diana de Gales.

Durante todas esas escalas, muy distintos fotógrafos y «paparazzi» contaron con la complicidad de alguien que les vendió previamente los horarios de las idas y venidas de la Princesa y su acompañante, Dodi Al-Fayed.

Tras la cena, fueron a abandonar el Hotel Ritz propiedad de la familia Al-Fayed, para pasar la noche en otra residencia particular. Ante la llegada incesante de «paparazzi», la pareja decidió montar una «operación despiste».

Varias «limousines» del hotel estuvieron saliendo, de forma escalonada, intentando despistar a los fotógrafos. En vano. Los «paparazzi» estaban muy bien informados, o conocían con mucho detalle el empleo de tiempo de la pareja. Finalmente, Dodi decidió pedir la intervención de los servicios de seguridad del hotel.

Poco antes de medianoche, el jefe de los servicios de seguridad del Ritz decidió actuar personalmente: sería él quien conduciría el Mercedes 600 donde, a toda velocidad, Diana de Gales y Dodi decidieron abandonar el hotel para pasar la noche, juntos, en otra residencia, una villa privada propiedad del padre de Al-Fayed, junto al Sena, mucho más íntima.

Los «paparazzi» distinguieron muy pronto el vehículo donde la pareja intentaba huir, por la calle Castiglione, donde se encuentran otros hoteles visitados por toda la aristocracia europea durante el último siglo. Comenzó, unos metros más tarde, en la calle de Rivoh, una frenética persecución. Al contrario de lo que se pensó al principio, el Mercedes 600 ocupado por Diana, Dodi y otras dos personas como servicio de seguridad, no estaba conducido por el chófer personal de la familia Al-Fayed. En verdad, ese chófer privado había salido, antes, al volante de otro vehículo, para intentar despistar a los fotógrafos.

La carrera se aceleró dramáticamente a la altura de la avenida Montaigne, a unos pasos del puente y el túnel del Alma, a quinientos metros escasos de la Embajada de España. La Policía francesa parecía pensar que, finalmente, el conductor del Mercedes 600 perdió el control del vehículo, en la curva más peligrosa de esa encrucijada.

El Mercedes 600 conducido por el jefe de los servicios de seguridad del Ritz era perseguido por un número indefinido de periodistas, en motocicleta y en automóvil. El testimonio de un segundo miembro de los servicios de seguridad del hotel, que milagrosamente salvó su vida, permitirá dilucidar las circunstancias exactas del accidente, precisando en qué medida los «paparazzi» se habían aproximado y pudieron provocar el trágico accidente.

El Mercedes 600 donde huían Diana de Gales y Dodi debía ir a una velocidad en torno a los 150 ó 170 kilómetros por hora, por un túnel con bastante peralte, en una zona peligrosa, y chocó de modo feroz contra una columna de cemento armado. El sistema de refrigeración del coche destrozó los cuerpos del conductor y otros dos ocupantes. Numerosos transeúntes fueron testigos del terrible accidente, aparatoso y espectacular.

Los bomberos llegaron rápidamente al puente del Alma, hacia a las doce y media de la madrugada. En ese instante comenzó otra carrera angustiosa y finalmente fallida. Los equipos de emergencias sanitarias SAMU intentaron reanimar el cuerpo destrozado de Diana de Gales, mientras que Dodi Al-Fayed había muerto en el acto. En esos momentos, el reloj marcaba la una menos cuarto de la madrugada. Las primeras maniobras de resucitación de los médicos parecía que daban resultado.

Las autoridades policiales tomaron rápidamente la dirección de todas las operaciones: y Diana fue conducida hasta las salas del urgencia del Hospital de La Pitié Salpétriére, próxima a la estación de Austerliz, de donde salen los trenes que comunican Francia y España.

En el Hospital de La Pitié Salpétriére, Diana de Gales luchó contra la muerte durante unas largas y tensas dos horas. Nada más ingresar en el centro, a las dos de la madrugada, el corazón de Diana de Gales dejó de latir. Presentaba, además, una pérdida masiva de sangre en la cavidad torácica, pero los facultativos no se daban por vencidos.

Hacia las cuatro, el equipo médico se rindió a la evidencia: era imposible devolver la vida a un cuerpo destrozado. Su muerte se anuncia de forma oficial algo más tarde, a las seis menos cuarto.

El ministro francés del Interior, Jean Pierre Chevenement, fue la primera autoridad oficial en personarse en el hospital. Fue él, personalmente, quien decidió encomendar la instrucción del caso a la Brigada Criminal de la Policía de París, que comenzó por detener a siete fotógrafos y «paparazzi».

Según varios testigos, algún fotógrafo fue interpelado e incluso atacado físicamente por varios transeúntes que presenciaron el drama. Las primeras investigaciones policiales intentaban esclarecer, oficialmente, el papel jugado por los «paparazzi»: ¿se acercaron peligrosamente hasta el Mercedes 600?; ¿hicieron fotografías del accidente?; ¿prestaron primeros auxilios a las víctimas de la tragedia?…

Numerosas personas, anónimas, en su inmensa mayoría se acercaron hasta el puente del Alma para llevar coronas y ramos de flores, mayoritariamente blancas. Las últimas veinticuatro horas de Diana, Princesa de Gales, habían puesto punto final a un cuento de hadas de nuestro tiempo que culmina con el florecimiento de una leyenda.

Comentando las circunstancias del accidente, Wolfgang Inhester, portavoz oficial de la Mercedes, declaró: «Fue algo sencillamente espantoso, dramático y catastrófico. En esas circunstancias, los pasajeros no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir a un accidente de esas características. Un cuerpo humano que choca contra un sólido, a más de cien kilómetros por hora sufre un estallido de sus órganos internos que le provoca una muerte rápida y horrible».

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LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ